Hoy, en Reviewsaurio, analizaremos los grotescos culillos de las botellas de refrescos. Sí, esos malnacidos que ocupan lugar en nuestra nevera y que no nos atrevemos a tirar pero tampoco a tomarlos. Haremos un recorrido por las principales causas por las cuales el ser humano se empeña en almacenar botellas casi acabadas, haciendo una breve reseña práctica sobre la calidad de algunos de estos líquidos, y cómo influyen éstos en la decisión de reserva o eliminación.
I. Introducción
Las hay de distintos tamaños, de distintos tipos de refresco, más llenas, más vacías o con diferente antigüedad, pero en toda nevera anida de forma pérfida alguna botella con un culillo de refresco. ¿Por qué las guardamos? ¿Por qué no nos las bebemos? ¿Hay casos en los que estos residuos, carentes de los gases que los hacían brillar antaño, sigan gustando a ciertas personas? ¿Dónde está el límite entre lo bebible y lo desechable? Estas preguntas llevan ocupando las mentes de los filósofos presocráticos desde que Tales de Mileto confeccionara la idea de que la vida, el cosmos, y la existencia en general, tiene su esencia en el Sprite. En este análisis ensayístico intentaremos buscar, con precaución, las respuestas a estos interrogantes clásicos, preguntas que han perturbado los sueños de pensadores como Pericles, Rousseau o Bono.
II. Causas
Por alguna u otra razón, esas botellas están en nuestro frigorífico. Es indudable, pues, que hay unas causas que rigen este acontecimiento; causas que podemos sopesar de forma consciente o bien se manifiestan de forma imperceptible. Aunque la consciencia de la propia causa viene más bien regida por el tipo de sujeto que abre la nevera, en este caso, habiendo personas que automáticamente tiran o guardan alimentos sin ni si quiera sopesar los pros y los contras de sendas acciones.
En este caso, dividiremos las causas en dos apartados: por un lado las causas que nos llevan a guardar los culillos de botellas de refrescos, y por otro, las causas que nos llevan a tirarlos.
a) Causas de eliminación
-La causa práctica: La principal causa que nos lleva a tirar a la basura estas botellas, es la de la utilidad. Los culillos de refrescos ocupan espacio en la nevera, por lo tanto, guardarlos resta lugar a posibles alimentos que esperan ser almacenados, ya sean totalmente distintos o nuevas botellas que sustituirán a estas. Normalmente, esto se da cuando la relación sabor-almacenaje es baja, y aún cuando no disguste del todo ingerir culillos de refrescos, se llega a la conclusión de que es más útil deshacerse de ellos. Esta causa suele ser inconsciente, ya que a la hora de hacer hueco en el frigorífico las cogemos automáticamente y las tiramos. No obstante, hay casos en los que se da una previa reflexión acerca de lo útil que sería la posible sustitución de las botellas.
-La causa exquisita: Ocurre cuando al sujeto le resulta humillante tener alimentos ya empezados en el frigorífico. Suele darse en familias ricas o en neveras de sibaritas, que gustan tener productos nuevos e impecables, ya sea como reflejo del estatus social o como método para poder desgustar siempre el refresco en su máximo sabor o apogeo burbujeante. Guardar una botella de Seven Up de hace tres días que no da ni para medio vaso es una ofensa para el porte aristocrático.
-La causa summa: Esta es la causa de eliminación más noble y pura de todas. Se da cuando el gas del refresco restante en la botella desaparece, y por tanto, el sabor pierde su naturaleza. Cuando un refresco se queda sin gas, pierde el 97% de lo que hace que ese refresco esté bueno. Es un hecho irrebatible. Por esto, cuando el líquido se queda sin gas y, a continuación pasa a estar más malo que el agua del cubo de la fregona, lo más normal es que se tire la botella a la basura. Esta causa ofrece una variante dicotómica.
b) Causas de perdurabilidad
-La causa de procrastinación: Ocurre cuando, por vagueza y desidia, el individuo conserva las botellas para no tener que realizar la acción de agarrarlas y tirarlas.
-La plutocausa: Se dice de la causa que hace que los rácanos, agonías, rateros, roñosos, tacaños y avaros no tiren las botellas porque tienen que amortizar cada céntimo gastado en ellas. También es la causa más común en personas pobres. Efectivamente, en muchas casas duele que de ese euro gastado en la botella se desperdicie el contenido correspondiente a unos diez céntimos del coste. De esta forma, hasta que no se terminen de beber los culillos, éstos no saldrán del frigorífico, puesto que una simple gota de Pepsi echada a perder ya inicia a un dilema interno.
Por alguna u otra razón, esas botellas están en nuestro frigorífico. Es indudable, pues, que hay unas causas que rigen este acontecimiento; causas que podemos sopesar de forma consciente o bien se manifiestan de forma imperceptible. Aunque la consciencia de la propia causa viene más bien regida por el tipo de sujeto que abre la nevera, en este caso, habiendo personas que automáticamente tiran o guardan alimentos sin ni si quiera sopesar los pros y los contras de sendas acciones.
En este caso, dividiremos las causas en dos apartados: por un lado las causas que nos llevan a guardar los culillos de botellas de refrescos, y por otro, las causas que nos llevan a tirarlos.
a) Causas de eliminación
-La causa práctica: La principal causa que nos lleva a tirar a la basura estas botellas, es la de la utilidad. Los culillos de refrescos ocupan espacio en la nevera, por lo tanto, guardarlos resta lugar a posibles alimentos que esperan ser almacenados, ya sean totalmente distintos o nuevas botellas que sustituirán a estas. Normalmente, esto se da cuando la relación sabor-almacenaje es baja, y aún cuando no disguste del todo ingerir culillos de refrescos, se llega a la conclusión de que es más útil deshacerse de ellos. Esta causa suele ser inconsciente, ya que a la hora de hacer hueco en el frigorífico las cogemos automáticamente y las tiramos. No obstante, hay casos en los que se da una previa reflexión acerca de lo útil que sería la posible sustitución de las botellas.
-La causa exquisita: Ocurre cuando al sujeto le resulta humillante tener alimentos ya empezados en el frigorífico. Suele darse en familias ricas o en neveras de sibaritas, que gustan tener productos nuevos e impecables, ya sea como reflejo del estatus social o como método para poder desgustar siempre el refresco en su máximo sabor o apogeo burbujeante. Guardar una botella de Seven Up de hace tres días que no da ni para medio vaso es una ofensa para el porte aristocrático.
-La causa summa: Esta es la causa de eliminación más noble y pura de todas. Se da cuando el gas del refresco restante en la botella desaparece, y por tanto, el sabor pierde su naturaleza. Cuando un refresco se queda sin gas, pierde el 97% de lo que hace que ese refresco esté bueno. Es un hecho irrebatible. Por esto, cuando el líquido se queda sin gas y, a continuación pasa a estar más malo que el agua del cubo de la fregona, lo más normal es que se tire la botella a la basura. Esta causa ofrece una variante dicotómica.
b) Causas de perdurabilidad
-La causa de procrastinación: Ocurre cuando, por vagueza y desidia, el individuo conserva las botellas para no tener que realizar la acción de agarrarlas y tirarlas.
-La plutocausa: Se dice de la causa que hace que los rácanos, agonías, rateros, roñosos, tacaños y avaros no tiren las botellas porque tienen que amortizar cada céntimo gastado en ellas. También es la causa más común en personas pobres. Efectivamente, en muchas casas duele que de ese euro gastado en la botella se desperdicie el contenido correspondiente a unos diez céntimos del coste. De esta forma, hasta que no se terminen de beber los culillos, éstos no saldrán del frigorífico, puesto que una simple gota de Pepsi echada a perder ya inicia a un dilema interno.
-La causa infame: Esta es la causa más despreciable, indigna y miserable posible. Es la que hace que ciertos sujetos sigan guardando los culillos de refresco porque la pérdida del gas de los mismos les gusta. Incluso se han dado casos de individuos a los que les gustan más algunos refrescos una vez han perdido el gas. De tal modo, es un placer para estas personas seguir guardando las botellas que aún conservan alguna bebida. La ciencia moderna aún no ha encontrado una explicación plausible ante tal comportamiento, aunque ateniéndonos a los investigaciones de Eduard Punset, de alguna forma parece ser que el paladar está conectado directamente con las neuronas. Esta tesis daría una explicación al por qué cuanto más gusta un refresco sin gas, más tonto se es.
III. Conformismo y edad
Recientemente, el estudio de Alhaurín el Grande ha facilitado datos sobre el espectro de edad en el que se dan ciertas cotas de conformismo en cuanto a la ingesta de los culillos de las botellas de refrescos. Este estudio ha sido realizado por el laboratorio "Garrapiñados Hnos Fernández" en el salón de un hogar normal y corriente. La escena del estudio ha sido la hora del almuerzo de una familia de clase media bajo el telar de Los Simpsons. Los individuos estudiados no eran conscientes de la investigación. La familia, compuesta por tres hermanos de distinta edad y los dos progenitores, se mostró un tanto disconforme en opinión respecto a la bebida servida. En este caso, se trataba de un Kas Naranja cuya apertura fue datada del día anterior, pero que tenía suficiente contenido como para llenar tres cuartos del vaso de cada familiar. El hermano más pequeño, directamente calificó de "esto es una mierda" el líquido ingerido, el hermano mediano sólo pudo beber tres sorbos, y el hermano mayor consiguió beber el vaso entero pero con una cara un tanto desagradable. Los padres, continuamente repetían que el Kas estaba bueno y que había que bebérselo, exponiendo con un modesta oratoria que "cuesta mucho comprar estos caprichos". Sólo tuvieron en cuenta el comportamiento de los hijos, ya que los padres no pudieron ser contados en el estudio práctico por acompañar sus platos con una Cruzcampo.
Esta conclusión nos lleva a pensar al equipo de Reviewsaurio que las edades más tempranas muestran más intolerancia a beberse los culillos de las botellas de los refrescos. La explicación más lógica es que cuanto más corta es la edad de una persona, menos desarrollada tiene ésta la capacidad de tolerar los fracasos.
IV. Ejercicio práctico: relación sabor-almacenaje
Vamos a mostraros un ejercicio práctico de lo que sería la aplicación de la relación sabor-almacenaje. Esta regla es muy simple, consiste en analizar la calidad del refresco y determinar si merece la pena guardar el culillo de la botella de dicho refresco. Yo he usado cuatro botellas de cuatro refrescos que tenía a mano en mi refrigerador: Cola de marca blanca Día, Sprite, Pepsi Light y Pepsi Light sin cafeína.
Cola de marca blanca Día
-Gráficos: Visualmente se comporta como cualquier otra cola, quizás algo más negra, siendo incluso más atractiva en cuanto a texturas que otras colas de marca.
-Jugabilidad: Sabe algo rancia, así que a la hora de disfrutar de ella, está muy por debajo que los demás refrescos. Además causa diarrea ipso facto.
-Sonido: A pesar de ser la que más recientemente se ha abierto, es la que ha perdido más gas, apenas escuchándose burbujear el ser servida en el baso.
Nota: Deficiente.
Nota: Deficiente macanudo
Pepsi Light
-Gráficos: Parece agua sucia. Un color que todos los defensores de Coca-Cola critican pero que los fanboys de Pepsi defienden como el canon del color de las colas. La verdad es que a nosotros nos da un poco igual este apartado. De hecho ni lo tenemos en cuenta.
-Jugabilidad: Sabe regular, pero no desagrada. Mejor que la Cola Día. Además, una vez que se queda sin gas, los refrescos light suelen saber mejor que los refrescos azucarados cuanto éstos también han perdido el gas.
-Sonido: Al impactar contra el vaso produce algo más sonido gaseoso que las otras dos opciones.
Nota: Insuficiente
Pepsi Light sin cafeína
-Gráficos: Igual que la Pepsi Light, nada más que comentar.
-Jugabilidad: La ausencia de cafeína le da un toque más agradable al sabor, pero a grandes rasgos viene a ser lo mismo que la light. Ayuda al sueño, lo cual importa un pimiento en este análisis, o eso creo.
-Sonido: Igual que la Pepsi Light.
-Gráficos: Visualmente se comporta como cualquier otra cola, quizás algo más negra, siendo incluso más atractiva en cuanto a texturas que otras colas de marca.
-Jugabilidad: Sabe algo rancia, así que a la hora de disfrutar de ella, está muy por debajo que los demás refrescos. Además causa diarrea ipso facto.
-Sonido: A pesar de ser la que más recientemente se ha abierto, es la que ha perdido más gas, apenas escuchándose burbujear el ser servida en el baso.
Nota: Deficiente.
Sprite
-Gráficos: El diseño artístico de este refresco es similar al del agua, y una vez perdido el gas no parece más que un vaso del líquido elemento. Texturas muy pobres sin apenas colorido que no parecen de esta gen.
-Jugabilidad: Conserva muy poco gas, tan poco como para que simplemente estés bebiendo agua con el toque alimonado del Sprite. Puede resultar algo más agradable que el agua, pero sin duda te aburrirás de beberlo una vez perdidas las burbujas.
-Sonido: Al igual que la cola Día, sonoramente se presenta insuficiente, por no chispotear al ser servido como se esperaría de un refresco de marca aún habiéndose abierto unos cuantos días antes.
Pepsi Light
-Gráficos: Parece agua sucia. Un color que todos los defensores de Coca-Cola critican pero que los fanboys de Pepsi defienden como el canon del color de las colas. La verdad es que a nosotros nos da un poco igual este apartado. De hecho ni lo tenemos en cuenta.
-Jugabilidad: Sabe regular, pero no desagrada. Mejor que la Cola Día. Además, una vez que se queda sin gas, los refrescos light suelen saber mejor que los refrescos azucarados cuanto éstos también han perdido el gas.
-Sonido: Al impactar contra el vaso produce algo más sonido gaseoso que las otras dos opciones.
Nota: Insuficiente
Pepsi Light sin cafeína
-Gráficos: Igual que la Pepsi Light, nada más que comentar.
-Jugabilidad: La ausencia de cafeína le da un toque más agradable al sabor, pero a grandes rasgos viene a ser lo mismo que la light. Ayuda al sueño, lo cual importa un pimiento en este análisis, o eso creo.
-Sonido: Igual que la Pepsi Light.
Nota: Insuficiente con adobo
CONCLUSIÓN DEL ANÁLISIS PRÁCTICO: La calidad de los refrescos una vez abiertos deja bastante que desear, así que una vez aplicado el pertinente método analítico por profesionales cualificados, desde Reviewsaurio recomendamos tirar todas las botellas con culillos de estos refrescos a la basura, sin reciclar ni nada.


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